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29 de julio de 2007,
Marina Martínez.
29 de julio de 2007,
Marina Martínez.
- Las altas temperaturas obligan a extremar la higiene de los pies. Aumentar la hidratación y usar un calzado adecuado es imprescindible para evitar infecciones y callosidades.
Unos se fijan en los ojos, otros en el pelo y otros en lo que sugiere la camiseta. Pero también hay quien cree que la sonrisa y las manos son la mejor de las tarjetas de presentación posibles. Lo mismo que los pies, que ahora abandonan su letargo para vivir el verano al descubierto. Esto tiene sus inconvenientes. Pasar el día en chanclas y sandalias puede cobrarase su factura si no se extreman las precauciones. Unido a las altas temperaturas, el riesgo aumenta. Y eso que las claves son sencillas. Sólo hay que echar mano de la crema hidratante, protegerse del sol y de las infecciones y hacer especial hincapié en la higiene ante la llegada del calor. Sin olvidar, claro está, el tipo de calzado, que puede ser caldo de cultivo de rozaduras, ampollas o durezas.
Eso sin contar con el sudor, que tantos complejos origina en esta época. Sin duda, el mal olor no es plato de buen gusto para nadie. Y no es precisamente un hecho aislado. Según el primer estudio nacional sobre hábitos de higiene y cuidado podal, uno de cada tres españoles tiene problemas de olor y exceso de sudor en los pies. «La causa está en la descomposición de un tipo de bacterias que desprenden, entre otros, ácidos grasos y urea», advierte Barnés, quien recuerda, además, que el sudor macera la piel y hace variar su grado de acidez y protección. En otras palabras, las posibilidades de infección se multiplican.
Regular la temperatura
Para prevenir o, en su caso, atajar el problema, lo ideal es utilizar jabones que contengan componentes bactericidas y productos reguladores de la función del sudor. Aunque lo mejor para evitar males mayores es llevar un zapato adecuado a la temperatura. Sobre todo, teniendo en cuenta que calcetines y medias se quedan estos días en el armario.
Pero, al contrario de lo que puede parecer, el uso de calcetines con materiales no sintéticos, es decir del tipo de hilo, lana o algodón, contribuye a una menor sudoración y una mayor protección al roce. Así lo explica Jorge Barnés, para quien el calzado, como la ropa, depende de cada momento.
En este sentido, para la playa o la piscina, lo aconsejable es usar un zapato abierto, especialmente, en las duchas públicas, donde debe ser inseparable para no atraer hongos o bacterias, como las que producen las verrugas plantares o los papilomas.
A la hora de caminar o dar un paseo, la cosa cambia. Lo ideal sería usar un calzado cerrado en la parte de atrás, aunque pueda ser abierto por los lados y la zona anterior. El zueco y la chancla mejor olvidarlos, ya que, como recuerda Barnés, «si el talón va descubierto, genera inestabilidad en el calzado, aumentando el roce y la proliferación de durezas, que pueden acabar formando grandes grietas».
Además, un zapato que no sujete bien el pie favorece la tendinitis en el dedo gordo. En este sentido, lo conveniente es un calzado de piel natural y con buenos contrafuertes que controlen el movimiento del talón. Además, es imprescindible alternar dos zapatos para evitar que se ablande el pie.
Ante cualquier agresión, lo más recomendable en verano es aprovechar las propiedades curativas de la playa. Andar descalzo por la arena y darse baños de agua salada es el mejor podólogo para nuestros pies, ya que favorece la circulación y ayuda a eliminar las durezas. Otra forma de evitarlo es aumentar la hidratación. Si hay una época especialmente propia para la sequedad de la piel es el verano. Un consejo es recurrir a productos farmacéuticos que contengan urea, así como exfoliantes. A juicio de Ana María Aliaga, miembro del Consejo General del Colegio Oficial de Farmacéuticos, son indispensables para evitar las durezas y callosidades.
Ojo con las heridas
Lo que no sería tan idóneo es utilizar parches callicidas ni de ácidos, ya que, en opinión de Aliaga, su uso puede producir quemaduras y heridas. Son costumbres muy extendidas, pero más por el boca a boca popular que por recomendación médica. De hecho, el cuidado de los pies no es precisamente el fuerte de los españoles. El primer estudio nacional sobre hábitos de higiene y cuidado podal pone de manifiesto que tres de cada diez ciudadanos no se lava correctamente los pies y uno de cada cuatro reconoce que tiene o ha tenido hongos en alguna ocasión.
La visita al podólogo sería un buen comienzo. Y, en estos días, se hace aún más necesaria. No estaría mal pasarse por la consulta al menos cada dos meses. Eso no quiere decir que ahí acabe todo. Hoy no hay excusas para presumir de pies. Cualquier botica ofrece una amplia variedad de artículos para su cuidado, desde cremas hidratantes hasta sales refrescantes y guantes exfoliadores.
No obstante, hay unas reglas que no fallan ni en verano ni en invierno: lavar los pies a diario con un jabón neutro y secarse bien, especialmente entre los dedos; cortarse las uñas de forma recta y limar los bordes; y no usar zapatos estrechos ni tacones muy altos.
CONSEJOS
Higiene: Lavar los pies a diario con un jabón neutro y secarse bien, ya que la humedad puede provocar la aparición de hongos, al igual que el sudor, muy habitual en verano.
Protección: Utilizar chanclas en piscinas y duchas públicas para evitar infecciones, como el pie de atleta.
Hidratación: Es recomendable aplicar cada día una crema hidratante para evitar que la piel se reseque y dé lugar a grietas y durezas.
Exfoliar: Conviene exfoliar los pies para eliminar células muertas y suavizar la piel. Existen productos específicos, aunque los paseos por la arena de la playa y los baños en el mar son también beneficiosos, tanto para exfoliar como para favorecer la circulación sanguínea.
Calzado: Lo mejor para pasear es que el zapato cubra el talón. De lo contrario, genera inestabilidad y aumenta la posibilidad de sufrir durezas y grietas.
Diabetes: Los diabéticos deben tener especial cuidado con sus pies y acudir al podólogo ante cualquier alteración de la piel.
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