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23 de julio de 2007.
23 de julio de 2007.
- Es importante prevenir este continuo cambio dejando un espacio extra en el calzado o sustituirlo de inmediato para comodidad del niño
“Hay pies morfológicamente distintos: unos tienen el dedo gordo más largo que el resto (pie egipcio) y en otros sobresale el segundo dedo (pie griego), por lo que el zapato del niño tiene que ser amplio para que no presione sobre ninguno de estos. Por ello es importante que los padres prueben al niño el zapato con el pie en el suelo, porque es cuando se expande”, señala Díaz Martínez.
El pie del niño está en continuo crecimiento y, según los expertos en calzado del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV), España, hay que prevenir esos cambios dejando un espacio extra en el calzado para que, cuando se produzcan, no haya presiones excesivas sobre el pie. Para ello los padres deben comprobar a menudo el ajuste entre el pie y el calzado infantiles, y en caso de duda es mejor cambiar el zapato.
Debido al rápido crecimiento de los pies, es mejor cierta holgura en el calzado; hay que tomar en cuenta que, cuando el niño es pequeño, un zapato a la medida puede resultar reducido pocos meses después. No hay que dudar en sustituir el calzado infantil si queda justo.
El IBV recomienda que al adquirir calzado se vigile su acabado interior, ya que unas costuras gruesas o mal hechas, pueden lesionar la frágil piel del niño.
Para el cirujano ortopédico Bernardo Olsen, de Madrid, el zapato de un niño en sus primeros años de vida debe ser flexible y dejar el pie lo más libre posible, con unas condiciones casi de pie descalzo: “no por sujetar más el pie tiene menos problemas”.
“Independientemente de que se elija zapato o bota, el calzado debe dejar libre el tobillo para que trabaje normalmente y no se atrofien los músculos y ligamentos de esa zona; también es bueno que tenga un cierto refuerzo en la parte posterior para que sujete el pie”, señala el doctor Díaz Martínez.
Según Olsen, el calzado infantil debe ser ancho por delante, para que se adapte a la forma del pie y deje que los dedos se muevan con libertad, y para Díaz Martínez, el zapato debe ser recto o con la mínima forma de derecho e izquierdo, porque a veces la forma angulada puede predisponer a que los pies de los niños de entre 14 y 15 meses se tuerzan un poco.
Según los expertos, no hace falta que el calzado infantil tenga una elevación en el interior para desarrollar la bóveda plantar y evitar los pies planos: hasta los dos años los pies de los niños no tienen forma y parecen planos porque tienen una capa de grasa, que después desaparece.
La suela debe ser algo adhesiva para evitar caídas y relativamente fina para que permita percibir las irregularidades del suelo o la temperatura, ya que según el IBV, cuando comienza a caminar el niño continúa utilizando los dedos de sus pies como órgano táctil.
Además, el zapato infantil debe pesar poco y ser poroso, para garantizar una transpiración correcta, y no debe tener tacón, para evitar que el pie se deslice y los dedos se desplacen hacia la punta del zapato, según los expertos.
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