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24 de julio de 2007,
Marta Parreño.
24 de julio de 2007,
Marta Parreño.
- Las Crocs fueron creadas por tres navegantes que buscaban el zapato perfecto para combinar en agua y tierra
- La empresa ha multiplicado sus ingresos por 300
Barcelona. Qué extrañas son las modas. A la espera de descubrir cuál es al fin la canción del verano para comprobar si supera en mal gusto a la de los años anteriores, hay unos zuecos de plástico agujereados que competirán con ella en extravagancia y que se extienden por todo el mundo a la velocidad de una epidemia. A Barcelona, que recibe influjos de todas partes, también han llegado, y por sus calles ya se pueden ver con bastante frecuencia los destellos naranjas, fucsias y verdes fosforito originados por el paso firme de quienes lucen, orgullosos, el calzado más popular del momento.Razonamientos filosóficos aparte, sus usuarios destacan la comodidad y múltiple uso que se le puede dar a las Crocs, el nombre de la firma estadounidense que las creó en julio del 2002 y que ya está sufriendo los inconvenientes de la piratería. "Son preciosas, cómodas y geniales para trabajar en el jardín. Además me vinieron muy bien con las obras en casa porque aunque se ensuciasen les pasaba un trapo y ya está. Me encantaron en cuanto las vi, fue todo un flechazo", dice Sabrina, de 26 años. Pero esta gallega afincada en Barcelona asegura, a diferencia de muchos fans de estos zuecos, que ella nunca se los pondría para salir de casa. Estos zapatos ortopédicos de diseño aparecen sobre todo en la playa y en los lugares más céntricos de la ciudad, pero su exhaustiva colonización ha hecho que se cuele en las cocinas, en los hospitales, en los museos e incluso en los teatros.
Laura, de 26 años, alegra su uniforme azul de enfermera con unos zuecos de color lila, y Miriam, de 27, combina su bata blanca con unos de color verde. Algunos espectadores de la obra La cocina de los monólogos se habrán percatado de que sus tres actores lucen durante todo el espectáculo unos extraños zuecos blancos más parecidos a un queso de gruyer que a unos zapatos: las Crocs. "Las usamos como vestuario teatral porque hacemos de cocineros, pero yo ya las llevaba antes. En principio es un calzado laboral", dice el actor Txabi Franquesa.
Estas zapatillas veraniegas tienen una historia reciente, triunfal y vertiginosa. Tanto las originales como las copias, que ya se pueden comprar en cualquier bazar. Pero solo los más incondicionales de la marca conocen las diferencias. Las originales están hechas de una resina especial que evita la concentración de hongos y bacterias. Las de imitación son de plástico. Las originales cuestan más de 30 euros, dependiendo del modelo. Las de imitación, menos de 10, dependiendo de la tienda. Las originales lucen un logo con un cocodrilo que simboliza la facilidad de movimiento en agua y en tierra. Las de imitación no tienen ninguna marca diferencial. Solo agujeros y colorines.
Fenómeno global
Las Crocs fueron creadas por tres amantes de la navegación que buscaban el zapato perfecto para combinar en agua y en tierra. Pronto fueron descubiertos por cocineros, jardineros y gente que trabaja de pie y su popuralidad se extendió tan rápido que la compañía pasó de ingresar 725.000 euros en el 2003 a 235 millones en el 2006. La plaga de estos extraños zuecos, que va desde Tailandia a México y de Noruega a Estados Unidos, ha llegado hasta la Casa Blanca. Con una camisa, bermudas y calcetines, el mismísimo George Bush las lució demostrando que su gusto para vestir es tan controvertido como su acción política. Y Jack Nicholson, Al Pacino, Kate Winslet y Matt Damon también han sucumbido a una epidemia que muchos todavía no se explican.
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