El zapatero de siempre (taller artesanal)

- domingo, 9 de septiembre de 2007 -

Lavozdigital.es
9 de septiembre de 2007,
Violeta Márquez.

España.

Antonio de los Santos trabaja en su taller de la calle Pescadería Vieja desde hace más de treinta años y lo hace de forma artesanal

Su delantal lleno de crema para el calzado delata a qué se dedica Antonio de los Santos. Es zapatero. Él mismo cada mañana se levanta para abrir su pequeño pero acogedor local de la calle Pescadería Vieja. Antonio es un auténtico artesano, alejado de las novedosas máquinas que, al parecer, facilitan el trabajo pero que no utiliza porque «a mí me gusta lo que hago, y además es la única forma que sé de arreglar los zapatos».


Por eso, continúa haciendo los arreglos a la antigua usanza. «Para trabajar sigo utilizando el banquillo y la precisa, donde a machetazos pongo las tapas de los zapatos», explica. Dice no criticar las nuevas técnicas de los zapateros, «es una máquina la que se encarga de todo», asegura, pero «a mis 64 años no voy a aprender otra cosa». Antiguamente las personas no podían comprar calzado por tres euros en el mercadillo o en los bazares, como sucede en la actualidad, y «eran de mayor calidad, ahora son mucho más malos». Hace unos años, los zapateros trabajaban más con el cuero, solían «poner muchas medias suelas» y, sin embargo, ahora se prefiere comprar uno nuevo a arreglarlo «porque el cuero es más caro».

En más de treinta años que suma como profesional del calzado, cuenta que la vida ha cambiado mucho, «desde las calles de la ciudad, que ya no parecen las mismas, hasta los zapatos claro». Sin embargo, Antonio de los Santos asegura que «lo que más trabajo da hoy en día es poner las tapas en los zapatos de las señoras», y es que las que vienen de fábrica suelen durar «uno o dos días».

Antonio, pese a haber tenido otro oficio, decidió «tirarse a esto -como él mismo aclara-, porque tenía que buscar un buen trabajo para sacar adelante a mi familia, y con éste he podido darle de comer a todos ellos, llegar más o menos a fin de mes».

Tener su negocio en una de las calles más señeras de la ciudad, donde se encuentran el prestigioso restaurante-bar Juanito, le ha ayudado a que el negocio se haga más conocido. «Tengo clientes fieles, que vienen desde siempre, y de los que lamentablemente fallecieron siguen viniendo sus hijos o nietos», narra.

Desde que abriera, no ha cerrado las puertas de su local, excepto hace «unos ocho o nueve años, que empecé a tener problemas con gente que venía pidiendo dinero», por lo que decidió abrir el establecimiento sólo por la mañana; «prefería prevenir cualquier percance, abrir sólo medio día y evitar esos problemillas». Pero, aclara que «desde hace siete años aproximadamente no he vuelto a tener ningún tipo de problemas».

Y Antonio de los Santos no es sólo un buen zapatero que trabaja como antiguamente, sino que tiene sus aficiones bien arraigadas. Así, es un apasionado de la pesca y de la caza menor. «Me gusta mucho ir a pescar y cazar, siempre y cuando el bolsillo lo permite». De sus aficiones existen señas en su local: una fotografía de cuando Antonio era más joven colgada en la pared de su taller destaca entre tantos zapatos, porque en ella este zapatero de siempre va perfectamente caracterizado de cazador.

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